LAS COSAS BUENAS QUE DEJAN LAS COSAS MALAS
LOS CAMBIOS EN NUESTRA SOCIEDAD QUE TRAE EL COVID-19
Una enseñanza de amor propio
Desde que inició el año 2020, el mundo entró en una especie de agujero o gusano espacial. Nadie lo imaginaba así. Cada ser humano opinaba desde sus propios intereses, desde su obcecada autonomía, asumiendo que se trataba de una gripe fácil de controlar y que en nada afectaría la normalidad cotidiana. ¡Pero qué equivocados estábamos!
Sobre el inicio del virus que hoy nos tiene viviendo al ritmo de una sociedad distópica o apocalíptica, mucho o poco se ha dicho. En todo caso sabemos que la verdad verdadera jamás será revelada, así como tampoco lo serán las cifras de contagiados o muertos.
El hecho es que la pandemia, al día de hoy, cuando el mundo ha tenido que cambiar casi que abruptamente su modo de vida, interrumpiendo o limitando aquello que nos hacía felices como viajar, caminar, comprar, trabajar, amar, divertirse -enmarcado dentro de una fuerte libertad social-, nos enseña que debemos estar preparados para esos giros inesperados y para adaptarnos si queremos sobrevivir como especie.
En esa medida, hay cosas muy buenas que nos deja esta situación, pese a que muchas personas sufren tanto por la muerte de sus familiares como por la falta de recursos para suplir sus necesidades básicas.
¿Pero qué cosas buenas pueden surgir del caos que ha traído la pandemia?
Aquí no me interesa hablar si será el fin de la globalización, si ya no habrá ayudas internacionales, si los mercados locales tendrán que hacer drásticos cambios en su modelo de negocios, si la banca pierde o gana (aunque nunca pierde). Mi deseo es manifestar que cada crisis trae consigo cambios positivos, resilencias, sueños, decisiones, mayor comprensión de lo que es la vida, la naturaleza y de qué manera debemos interactuar para protegernos unos a otros.
1. Amarnos más como seres humanos, en el entendido de que somos una especie adaptable, mutable, que trasciende pese a los rigores de caos o destrucción que muestra la pandemia.
2. Reabrir nuestros corazones, tanto para sí como para aquellas personas que están ahí en el día a día. Interiorizar, ser retrospectivos, dejarnos inocular por la paz que en cierto grado se percibe al no tener que correr de un lado a otro; sin afanes, el agua del río nos da placidez, tranquilidad, inspiración.
3. Volver a los encuentros en familia, a las conversaciones, a los juegos de mesa, al abrazo; y es ahí donde extrañamos lo que ya no extrañábamos, donde añoramos y volvemos, incluso, hasta los pasajes bellos de la infancia.
4. Buscamos otras maneras de ser activos en la sociedad, en lo laboral, en lo académico, en lo personal. Nos vemos forzados a salir de esa zona de confort tan acostumbrada. Nos vemos abocados a diseñar estrategias, a trazar metas, a considerar otros aspectos de la vida que antes no percibíamos por la indudable razón de no sentirnos amenazados o vulnerables.
5. Mirar la naturaleza, ese entorno en el que ya no encontrábamos belleza por la rigidez y premura social que atrapa como una red. El respiro de la naturaleza es una de las cosas fantásticas que podemos apreciar por estos días. Y ello es una de las enseñanzas más esperanzadoras que trae el Covid-19 y su consecuente encierro obligatorio. La naturaleza nos enseña de todos los modos posibles.
Para finalizar, comparto con ustedes este poema del gran poeta colombiano Jotamario Arbeláez:
Después de la guerra
Un día / después de la guerra / si hay guerra / si después de la guerra hay un día / te tomaré en mis brazos / un día después de la guerra / si hay guerra / si después de la guerra hay un día / si después de la guerra tengo brazos / y te haré con amor el amor / un día después de la guerra / si hay guerra si después de la guerra hay un día / si después de la guerra hay amor / y si hay con qué hacer el amor.
LAS COSAS BUENAS QUE DEJAN LAS COSAS MALAS
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